Liderazgo Consciente • 26 de Octubre, 2026 • 2 min lectura

El propósito que no cuesta nada no es propósito

Todas las empresas dicen tener propósito. Muy pocas están dispuestas a perder dinero por él. Esa es la única prueba que cuenta.

DL
David Lasman
CEO Sistel • Liderazgo Consciente
El propósito que no cuesta nada no es propósito

Hoy todas las empresas tienen propósito. Está en la página web, en el informe de sostenibilidad, en la pared de la sala de juntas y a veces hasta en las tazas.

Y sin embargo, cuando les preguntas a los colaboradores para qué existe su empresa, muchas veces la respuesta es un silencio incómodo.

El propósito se volvió tendencia. Y cuando algo se vuelve tendencia, se vacía.

El propósito no es un texto. Es una decisión cara.

Hay una prueba muy simple para saber si el propósito de una empresa es real: ¿alguna vez le ha costado dinero?

Si nunca le ha costado nada, no es propósito. Es mercadeo.

El propósito real aparece en los momentos incómodos:

  • Cuando rechazas a un cliente grande porque te pide algo que no está bien.
  • Cuando le pagas a tiempo al proveedor pequeño, aunque podrías estirarle el plazo.
  • Cuando inviertes en formar a tu gente, aunque sabes que algunos se van a ir.
  • Cuando dices «todavía no sabemos hacerlo bien» en lugar de vender humo.

Cada una de esas decisiones cuesta en el corto plazo. Y cada una construye algo que ningún presupuesto de publicidad puede comprar: confianza.

«Todos lo hacen»

Hay una frase que me acompaña: lo correcto es correcto aunque nadie lo haga, y lo incorrecto es incorrecto aunque todos lo hagan.

En las empresas, «todos lo hacen» es la excusa más rentable del mundo. «Todos» estiran los pagos a los proveedores pequeños. «Todos» prometen lo que todavía no tienen. «Todos» miran para otro lado cuando el cliente grande pide algo dudoso.

El propósito empieza exactamente ahí: donde decides no hacer lo que todos hacen.

Lo que no se mide, se declama

En SISTEL somos Empresa B. No lo menciono como medalla, sino por lo que implica: medir con evidencia cómo tratamos a nuestra gente, a nuestros clientes, a la comunidad y al planeta.

Medir cambia la conversación. Ya no basta con decir que cuidamos a nuestra gente: hay que mostrarlo. Ya no basta con decir que generamos impacto: hay que demostrarlo.

Hagamos la prueba

Te propongo un ejercicio para la próxima reunión de tu equipo directivo. Respondan con ejemplos concretos del último año:

  1. ¿Qué negocio rechazamos por coherencia con lo que decimos ser?
  2. ¿Qué decisión nos costó dinero y la volveríamos a tomar?
  3. ¿Qué aprendió nuestra gente este año que la hace mejor persona, no solo mejor empleado?
  4. Si mañana desapareciéramos, ¿quién nos extrañaría, además de los accionistas?

Si no hay respuestas, no hay propósito. Hay un buen texto.

La buena noticia es que eso se puede cambiar. El propósito no se declara: se practica, se aprende y se vuelve cultura. Como todo lo que vale la pena en una organización.

El propósito no es lo que dices en la pared. Es lo que estás dispuesto a perder por cumplirlo.


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