El mundo no es blanco y negro
El principio sigue siendo simple: lo que está bien, está bien aunque nadie lo haga; lo que está mal, está mal aunque todos lo hagan.
El mundo no es blanco y negro. No es ellos o nosotros, verdad absoluta o traición, piensas como yo o eres mi enemigo.
El principio sigue siendo simple: lo que está bien, está bien aunque nadie lo haga; lo que está mal, está mal aunque todos lo hagan.
Y sobre esa premisa vivimos en un mundo de colores, de matices, de contradicciones fértiles y de gente maravillosa de todo tipo. Ahí está su magia.
Ahí vive nuestra belleza.
El problema no es que la realidad haya perdido sus tonos; Es que dejamos de verlos.
O peor aún: nos los quitaron con relatos simples, cómodos y emocionalmente rentables.
Pensar en colores exige más esfuerzo que elegir bandos. Dudar cansa. Matizar incomoda.
Reducir la complejidad a extremos es construir una sociedad disfuncional, llena de idiotas útiles, incapaces de cuestionar.
Cuando todo se vuelve binario, la conversación muere y el aprendizaje se detiene.
Recuperar los matices es entender que la verdad esta entre los rojos, los azules y los verdes, incluso en los negros y blancos que decidimos ignorar.
El mundo sigue siendo de colores.
La pregunta es si todavía estamos a tiempo de mirarlo así. ¡Yo le apuesto a que si!